N O T I C I A S:

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La literatura sigue de fiesta

31 agosto 2017



Mario Malpartida Besada

LA FIESTA literaria continúa con muy buenos augurios en Huánuco, más aún si algunos noveles autores se escabullen  hábilmente de los riesgos de una obra iniciática y nos  sorprenden gratamente con su primer libro. Este es el caso de Marco Jara Nieto (Tingo María, 1962) que, con su ópera primaLos dioses están de fiesta (Lima, Concierto Animal Editorial, 1917), se incorpora con buen pie a esa ya larga lista de obras literarias del Huánuco contemporáneo.
El libro contiene siete interesantes relatos en los que el lenguaje es parte sustantiva en el sostenimiento de sus historias. Su sencillez, armonía, fluidez y frescura, para el caso del nivel juvenil, familiar o adscrito al dialecto social,  aunado a una estructura sin imbricaciones complejas, hacen de cada historia textos verdaderamente atractivos.
Predominan personajes que asumen responsabilidades que los fuerzan a involucrar la justicia con la venganza dentro de parámetros éticos que ellos mismos  se imponen, pero que se desprenden del caos, la corrupción y la criminalidad reinantes en el marco de una nula administración de justicia. Desde esta perspectiva, el camino elegido es el de la vindicta inevitable, que resolverá lo que el sistema establecido no puede o no quiere hacerlo. Esto ocurre en “El juguete” y “El hijo del carpintero”, pero principalmente en “Los fantasmas también lloran”, texto singular dentro del conjunto, por su crudeza y la sensación de empatía que produce al conseguir que el lector se identifique con los vengadores.
La estructura de este cuento es circular y la trama se resuelve en dos instancias narrativas. La ojeada inicial de una carta da motivo a un racconto que cubre todo este primer apartado. Miguel, Matías y Manuel, hermanados por las iniciales de sus nombres, asumen el compromiso de hacerle justicia a una viejecita victimada cruelmente por el señor Oso. Aquí empezó su historia: “A raíz de este hecho exitoso es que decidimos emprender una larga jornada justiciera” (pág. 61).  Esa jornada comprendió quince castigos efectuados motu proprio, sin contratos ni recompensas y aceptados de buen agrado por la comunidad. En el segundo apartado se retoma la idea inicial del texto y los tres amigos vuelven  a reunirse después de veinticinco años en virtud a la convocatoria epistolar de uno de ellos, para vengar un abuso criminal contra su hija, cometido por el hijo de un juez que dejó impune al delincuente. El final plantea una terrible duda a los amigos justicieros, motivada por la desfachatez de los facinerosos: ¿Se deberá romper el principio ético de no matar, solo castigar?
En “Un juguete” prima lo fantástico: un chofer de ambulancia se venga de un duende abusador que puso en riesgo la vida de una parturienta. En “El hijo del carpintero”, Manuelito toma al pie de la letra la afirmación implícita que le dio su padre a una pregunta suya: “(…) ¿se debe crucificar a todos los malos, a los que hacen daño, a los que nos amenazan?” (pág. 42). Este vengador o justiciero se hará una larga lista de criminales impunes, entre ellos conocidos personajes de la política peruana, lo cual también genera una sensación  de empatía y una suerte de satisfacción interna.
Los otros textos tienen sus propios encantos: “Los dioses están de fiesta” recrea un episodio familiar con cierta dosis de humor; En “El zorzal negro” Manuelcha sufre su soledad y espera estoicamente su muerte; En “Treinta días”, Ernesto inventa el día en que morirá sin presagiar que realmente se morirá ese día; “Los regalos son para el señor”, nos remite al sentimiento de ternura y solidaridad que despierta la navidad.
Los dioses están de fiesta es un libro de excelente factura, en cuya atmósfera subyace un halo de cuestionamiento crítico social. Mención aparte para destacar la belleza de la edición, obra artística de Concierto Animal Editores. (Diario Página 3)

http://pagina3.pe/la-literatura-sigue-de-fiesta/
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©.-Lic. Julinho Aguirre Soto Director General.